Es en la claridad de la noche y bajo la compañía de la almohada, justo
ahí, donde un millón de ideas cobran vida y no permiten conciliar el
sueño.
Debe ser propio de quienes tienen algo más que dar, de
quienes experimentan la insuficiencia del tiempo y la negación al
¡confórmate!. Tus pensamientos se hacen más lúcidos, las palabras
perfeccionan su ortografía y la realidad se vislumbra más simple, más
domable. Lo que en el día era un problema, en esos minutos de claridad
de la noche se convierte en un manual de soluciones. No te hablas en
términos de "imposible" sino en términos de "alcanzable".
Son
esos minutos los que te hacen querer cambiar el día por la noche, donde
descubres que la soledad simplemente te acerca a ti mismo y comprendes
que realmente tu interés es tan egoísta que sólo te habla de "lo mejor
para ti". No sientes pena ni culpa, pues reconoces que que tu vida te
pertenece y que defenderás tu derecho a vivir.
Podrías pensar que es locura, y realmente lo es, pero con una enfermedad nada tiene que ver.
Son
tus ideas, es tu voz creativa y emprendedora la que se expresa, la que
grita por fin libremente cuando tu mente ha despertado de la rutina de
"un día más", cuando por fin te enfocas en escuchar sin la tragedia del
¡no que va! y sin el miedo al ¿qué dirán?
En la claridad de la noche, sólo tu estás.

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