sábado, 21 de agosto de 2010

¿Por qué el Capitalismo?

¿Por qué el Capitalismo?

Resulta difícil reconocer, y a la vez, lamentable aceptar, que en pleno siglo XXI, con un mundo que ha evolucionado y continúa haciéndolo a velocidades inigualables, con capacidades reveladas y aprovechadas por el hombre sin igual, con la abundancia de información y de medios para la difusión, con universidades, ejemplos y demás, el modelo capitalista escasamente cuente con verdaderos defensores. ¿A qué me refiero con “verdaderos defensores”?. Suponga que usted es un abogado con muchos años de experiencia, y hoy le toca asistir a tribunales a defender un caso. El juez le dice: “Abogado, exponga su caso”. Para poder hacerlo, usted primero debe conocer el ¿por qué? del caso, debe conocer las raíces y los fundamentos del caso que va a exponer y luego defender. Si usted conoce estas razones, será un verdadero defensor. Lo contrario desembocaría en una exposición de argumentos irracionales y contradictorios entre sí, con resultados poco convincentes y sin ninguna credibilidad.

Esto es precisamente lo que pasa con el Capitalismo. Quienes dicen ser sus defensores se enfrentan a una exposición de argumentos, sin argumentos, a una definición sin conocer el concepto y a una descripción sin manejar los fundamentos. Es esta la razón por la cual, el capitalismo en el mundo actual ha sido tergiversado y considerado: un modelo sin fundamentos. Aclaro éste importante punto con lo siguiente: no es el modelo capitalista el que carece de fundamentos, son sus supuestos defensores quienes no los conocen.

El modelo socialista, basado en la filosofía altruista, que convierte a los hombres en los medios para los fines de otros, ha tenido gran aceptación por fundamentar su concepto en el supuesto “interés común”, atribuyéndole así, para aceptación de todos los creyentes, un grado de “moralidad indiscutible e inigualable”. Se define a sí mismo como el modelo idóneo para la sociedad dado que su preocupación primordial es: “el bienestar de la sociedad en su conjunto”. En una sociedad que asume el modelo socialista como conductor de los comportamientos de sus integrantes, cada uno de ellos debe estar dispuesto a aceptar que, por encima de su interés personal se encuentran los “intereses de la sociedad”, es decir, de todos los integrantes del grupo constituido. Esto significa que, este modelo es capaz de aglomerar todos los intereses individuales en un único “interés general”.

Imagine ahora que usted es uno de esos integrantes, que la sociedad total está constituida por digamos, no más de veinte personas, y que acuerdan entre todos escribir en un papel la respuesta a: ¿cuál es su principal interés? y luego depositarlo en una urna donde estarán los veinte totales. Lo primero que debe pasar ahora es: decidir quién o quiénes de los veinte integrantes abrirá la urna, leerá cada uno de los papelitos y decidirá ¿cuál es el interés común?. Tres de los veinte escribieron en su hoja: “una escuela”. El resto son completamente distintos. Pero aquel que escogieron para que leyera y decidiera el supuesto “interés común” considera que la escuela no es la solución, sino un hospital. Siendo este el planificador de la sociedad, decide construir con los recursos de todos: un hospital.

Es esta la manera en la que se manejan la mayoría de las sociedades actuales y más aún, aquellas que se atribuyen el modelo socialista. Lo que definen como “el interés común” no es más que el interés de unos pocos, o de “las mayorías”, por lo cual se les pide a aquellos que desean otra cosa distinta, que se sacrifiquen en nombre del “bienestar general”. Debe usted entonces renunciar a sus intereses personales para aceptar y apoyar intereses que nada tienen que ver con lo que usted realmente desea. La consecuencia de esto: una sociedad de insatisfechos, resentidos y marginados.

Dado que, el “interés común”, “general”, “de todos” o como lo llamen, no es más que la suma de todos los intereses individuales, es contradictorio aceptar el seleccionado como un “interés común”. Un interés común puede ser el de todos los socios de una empresa de que la misma genere utilidad, crecimiento económico. No lo es el que algunos pocos quieran producir zapatos y la mayoría camisas y terminen produciendo camisas en lugar de zapatos. Traducido esto a una sociedad, el interés común que pueden tener todos los integrantes es: garantía de los derechos fundamentales, libertad para desempeñarse en la actividad que desee, entre otros. No lo es: construir hospitales en lugar de escuelas, casas en lugar de plazas, etc. Es esta la forma como se manejan las sociedades socialistas, sacrificando los intereses de algunos por los del colectivo. El supuesto fundamento moral de este modelo es:“interés común sobre interés individual”. Dado que las sociedades colectivistas consideran el “interés propio”como la expresión más deliberada de egoísmo irracional, la naturaleza del ser humano a superarse por sus propios medios, en la actividad que desee, generando los beneficios que sólo él merece disfrutar es en conclusión: un acto de mezquindad y maldad.

Ahora bien, vayamos a la definición del modelo capitalista. Para que una definición sea racional (acorde con la naturaleza y los intereses del ser humano), sólida (defendible) y convincente (creíble ante todo cuestionamiento), debe tener un código de valores (su moral) racionales que determine la forma de actuar de quienes lo practican. Ese código de valores representará los fundamentos básicos de la definición y su defensa sólida. Para comenzar, a todos aquellos que dicen ser sus “defensores” y para quienes desean defenderlo, el principio fundamental del Capitalismo es: Laissez Faire, Dejar Hacer. Y es de este principio de donde se deriva su principal valor: La Libertad. Libertad de pensar, de decidir, de actuar. Libertad de relacionarse, con quien desee y cuando desee. La libertad es un valor para el Capitalismo y un derecho fundamental del ser humano. Nadie posee el derecho universal de restringir libertades. Los “defensores” modernos del capitalismo afirman que, es necesario el control gubernamental para garantizar el “bienestar social” en algunos sectores estratégicos de la economía. Tal afirmación representa una contradicción a la libertad, pues no existe tal cosa como una “libertad restringida”. Otros dicen que, el control debe ejercerse para mostrar el lado “solidario" del capitalismo en beneficio de los necesitados, es decir, usted es libre de hacer lo que quiera pero las incapacidades y las desgracias de los que no producen son en parte una responsabilidad que usted debe asumir, y el control es necesario para garantizar el “derecho a la vida y al consumo" de aquellos que no han podido o querido por sus propios medios asegurarse su sustento, considerando al ser humano como: incapaz de tener voluntariamente un acto de generosidad.

Dado que, en la sociedad capitalista, usted es libre para desempeñarse en la actividad que le provoque, todos los beneficios que obtenga de tal actividad le pertenecen, y sólo usted tiene derecho a disfrutar de ellos. Surge entonces: el derecho a la propiedad privada. El modelo capitalista es el único que respeta y garantiza el resultado de su productividad. La propiedad privada es considerada un derecho universal y fundamental de las personas de la cual es usted el único beneficiario y, en consecuencia, sólo usted podrá decidir de qué manera utiliza, invierte o intercambia dicho beneficio. En ninguna circunstancia le pide sacrificio o le exige utilidad alguna al producto de su trabajo, su ingenio o su creatividad. Los actuales “defensores del capitalismo” suelen ceder espacios en este aspecto. Afirman públicamente ser defensores de la propiedad privada mientras aprueban con el sello de la contradicción y la hipocresía, impuestos, tasas, y controles gubernamentales que atentan directamente contra la producción de cada individuo: “respetamos la propiedad privada pero de todo lo que usted haga el estado tendrá el derecho indiscutible de quitarle una parte” (impuestos); “defendemos la propiedad privada pero si usted no paga sus impuestos obligatorios le quitaremos sus propiedades” (embargo); “somos propulsores de la libertad pero usted no podrá vender lo que produce al precio que desea sino al que le convenga a los demás” (control gubernamental).

La “libertad” y la “propiedad privada” están garantizadas en una sociedad capitalista, de “laissez faire”, de hecho, es la única sociedad que ha convertido estos dos derechos fundamentales en la bandera de su propuesta. A partir de ellos se originan todas las relaciones entre seres humanos, sobre la base del respeto a la libertad y a la propiedad del individuo; y es precisamente aquí donde radica la justificación moral y filosófica del Capitalismo.

Para quienes suelen profanar que “la moral” se origina del grado de intención que se tenga en “ayudar a los demás” o que le pertenece a ciertas “creencias imaginarias”, es necesario precisarles su definición: “La moral son las reglas o normas por las que se rige la conducta de un ser humano en relación con la sociedad y consigo mismo”. La libertad y la propiedad privada son derechos fundamentales y el respeto a estos derechos son las reglas y normas que determinan el comportamiento de un individuo en una sociedad capitalista.

Queda a su voluntad el decidir si se sacrifica para que los demás disfruten de aquello a lo que usted tendrá que renunciar para vivir acordemente en una sociedad inyectada de socialismo, o sí se mantiene firme ante la convicción que le proporciona su capacidad para razonar, cuestionar y aceptar, fundamentos claros derivados de la naturaleza del ser humano, siendo estos la base de la sociedad capitalista.

Es usted LIBRE PARA DECIDIR.

José M. Pérez G.

@jmiguelpgechele

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