martes, 9 de octubre de 2012

Síntomas de un día después...


...y un día después te levantaste cabizbajo, escuchando y repitiendo que la vida continúa, que nada es eterno y que dentro de un tiempo puedes volver a intentarlo. Pensaste en qué hacer y te dijiste: No me merezco ésto. Pensaste en tus hijos, en las generaciones venideras que pagarán el castigo por tu falta de inteligencia y valentía, por no querer entender que el método que usas es errado, que decides jugar en la cancha de tu enemigo con sus propias reglas, que no deseas arriesgar nada más, que estás dispuesto a seguir trabajando para tu enemigo sabiendo que él usará el fruto de tu trabajo en tu contra, que te seguirás haciendo el desentendido por la flojera que te hace el pensar, porque consideras que el método correcto es difícil, es una locura y que perder más de lo poquito que te queda y de lo mucho que te han ido quitando no es una opción. Mientras sigas creyendo que lo único que puedes hacer es pensar en que no ha pasado nada, que la esperanza y la fe podrán con la realidad y que "Dios" está contigo en esta situación y "él" se encargará por ti, mientras sigas dándole la espalda a la razón que sólo la filosofía te puede enseñar, seguirás viviendo en el peor, más sanguinario y devorador de los sistemas: El Socialismo.
Déjame concluir con algo: Le estás enseñado a tus hijos a ser sumisos, le estás inyectando fe y esperanza a un cerebro que tiene capacidad para razonar y lo estás neutralizando. Espero que las generaciones venideras se revelen contra lo que hoy día el venezolano común le están enseñando.
Me juro a mi mismo que yo no les enseñaré eso.

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Cada día, lo que eliges, lo que piensas y lo que haces, es en quien te conviertes. La integridad es tu destino... es la luz que alumbra tu camino.