Hoy más que nunca, la democracia está siendo utilizada con un solo propósito: legitimar procesos fraudulentos para entregar el poder a saqueadores trovadores del socialismo.
Los ciudadanos han aprendido a lo largo de sus vidas que la acción de “votar” más que un derecho es un deber. Pero se han preguntado ¿Por qué es un “deber”?
El problema de fondo que se presenta en la actual situación no es precisamente que una persona considere que el voto es un “deber” sino en el hecho de que no se atreven a cuestionar. Quienes hoy en día consideran que votar es un deber moral ciudadano forman parte de un sistema que funciona como instrumento de su propia destrucción. Suelen mencionar que desean un cambio cada vez que pueden sin preocuparse por investigar en qué tipo de sistema están sobreviviendo (porque el socialismo es anti-vida) y hacia dónde deberían cambiar, simplemente esperando que un “salvador” les diga qué hacer y cómo comportarse. Cuando una persona actúa por medio de un impulso, sin conocer las razones que lo motivan y reacciona ante la primera propuesta que le parece más sencilla, su comportamiento no se diferencia mucho del de una oveja o cualquier otro animal. La solución para salir de la crisis económica, política y social que el socialismo causa no resulta de la eterna espera y el fiel obedecimiento de más “líderes” socialistas. No existe un salvador que venga a este mundo a solucionar los problemas de todos por la devoción y el amor que siente hacia la humanidad. No existe tal cosa como un trabajador social que se atreva a garantizar la libertad de todos y satisfacer sus necesidades a cambio de solamente un voto. El único líder, el único salvador, el único guerrero que puede asegurarse la libertad para sí mismo es aquél que se atreve luchar por ella, más allá de salir un domingo a votar, más allá de clamar por la salvación a los demagogos, más allá de repetir los mismos métodos fallidos aprendidos toda su vida; el único que puede asegurarse lo que quiere para sí mismo eres tú, exigiéndole a los practicantes del estatismo y el engaño público que no se metan en los asuntos que no son de su competencia.
Dijo Albert Einstein: “Si quieres que las cosas cambien, no hagas siempre lo mismo”.
• No es diferente a lo tradicional, hablar de cambio cuando apruebas aún en detalles pequeños la intervención del estado en los asuntos individuales.
• No es diferente a lo tradicional, ponerte el color político que más te guste sin preguntarte por qué.
• No es diferente a lo tradicional, negociar algunas restricciones a cambio de “un poquito más de libertad”.
• No es diferente a lo tradicional, participar en un juego electoral cuando las reglas del mismo son impuestas por el contrincante. No hay manera de ganarle en su juego. No hay manera de ganarle con sus reglas.
Dijo el comunista Joseph Stalin: “Quienes emiten votos no deciden nada. Quienes cuentan votos lo deciden todo”.
Por eso #YoNoVoto, porque prefiero cambiar de sistema.

No hay comentarios:
Publicar un comentario