Cuando vives en un sistema socialista, la palabra "esperanza" es pronunciada precisamente sin esperanza.
El
grado de inconciencia al que los individuos son acorralados bajo este
sistema a través de los distintos medios y métodos que el régimen
utiliza para tal fin, hace de los ciudadanos unos completos zombies,
seres sin rumbo que han olvidado su "yo".
La esperanza no se
parece a la fe aunque algunos las confundan, pues ésta última alega que
"alguien más" se encargará por ti de lo que deben ser tus
responsabilidades, alguien "superior", desconocido e inexistente.
A
lo que sí se parece la esperanza es a la confianza, pues la primera se
deriva precisamente de la seguridad que una persona tiene de sí misma.
Cuando
una persona pierde la confianza en sí misma, no hay posibilidad ni
espacio para la esperanza, la vida se resume a una enorme infelicidad y
desconsolada desdicha.
Un sistema socialista cuenta con toda una
maquinaria para que quienes poseen confianza en sí mismos la pierdan y
que las nuevas generaciones no la conozcan jamás.
Quienes son
acorralados hasta perder la confianza en sí mismos experimentan la
infelicidad conscientes de que algo les ha sido robado aunque en
ocasiones prefieran olvidarlo; pero quienes no han conocido la confianza
en sí mismos porque han sido educados bajo un sistema que no les brinda
tal posibilidad, son infelices inconscientemente, saben que algo les
falta pero no entienden qué.
La confianza en sí mismos sólo es
posible cuando hay libertad de pensamiento, de palabra y de acción. La
posibilidad de acertar y errar es lo que construye el caracter de
cualquier individuo bajo la plena responsabilidad de sus acciones y con
total derecho a disponer del resultado de las mismas, sean buenas o
malas. Es así como un individuo o un grupo de ellos pueden experimentar
la esperanza, inspirados en la confianza que tienen de sí mismos,
disfrutando de su libertad individual.
Sólo en capitalismo pueden hablar los individuos de "esperanza".

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